Reflexión 01/09/2018

"Me hago mayor"
Reflexiones frente al espejo de la peluquería Malena

Suelo acudir a la peluquería a cortarme el pelo una vez al mes; a veces mes y medio, o dos, depende de lo coqueto que me sienta en esa época o de la proximidad de algún evento social relevante. Incluso hay temporadas que pasa más tiempo porque, o bien me puede la pereza, o bien imagino que mi pelo quedará largo, rizado, brillante... hasta que me doy cuenta de que no: que sólo consigo un pelo retorcido, canoso e ingobernable que sólo merece ser cortado de inmediato, como castigo.

Hoy ha tocado. Hoy ha llegado septiembre y con él, como cada año, numerosos e importantes compromisos: la vuelta al cole, la Feria de Murcia, tardeos con amigos, la Feria de Molina... Además, para mí cortarme el pelo es como un paso hacia adelante, un cambio positivo, como una limpieza a fondo de casa en la que tiras cosas viejas que no usas ya, dejando un espacio vacío y limpio que, piensas, podrás ocupar pronto con cualquier 'enreo' nuevo en el futuro.

Fachada de la peluquería Malena en Molina de Segura (Murcia)
Fachada de la peluquería Malena

Y aquí estoy, frente al espejo. Con la peluquera detrás de mí, a lo suyo. Casi no solemos intercambiar palabra, y las que pronunciamos son siempre las mismas de una vez con otra: '¿me puedes cortar el pelo ahora?', 'sí, siéntate', 'sí, pero tienes tres delante de ti, uno fumando fuera y dos en el bar... que si no vienen te corto a ti antes, no pasa nada'. Me gusta por eso, porque es una peluquera callada. Un ser extraño en su gremio; algo difícil de encontrar. Pienso que no habla porque tiene la cabeza llena de pensamientos sobre su vida, marido, hijos, el negocio, el del negocio del al lado con el que no termina de congeniar... Sí, eso me lo contó una vez, rompiendo nuestro silencio tácito durante un buen rato. Otras veces también hablamos de política. Una de ellas fue cuando Pedro Sánchez se proclamó Presidente del Gobierno con el apoyo de los que, precisamente, no quieren a España, por lo tanto no le quieren a él... salvo que les dé, pienso, lo que nadie les quiere dar... lógicamente. En eso estuvimos de acuerdo ella y yo. Casi siempre lo estamos, la verdad. Empiezo a pensar que igual me da la razón porque es de ese tipo de personas que prefiere escuchar a opinar, que quizá quiere saber de qué pie cojeas, o simplemente tiene curiosidad por conocer tu opinón sobre algo, y nunca discutirá contigo porque en el fondo le da igual, y es lo suficientemente inteligente como para saber que nada va a cambiar tras esa discusión. Además, ¡qué ****! Soy su cliente. Me perdería como tal si me dejara en evidencia con mis opiniones: 'el cliente siempre tiene la razón', y ella lo sabe. También le impide opinar libremente su falta de dominio del idioma español. Ella es rusa, o polaca, o rumana... o de por ahí... Se ha hecho un hueco en esta tierra trabajando de sol a sol, sin vacaciones, en su pequeño negocio de peluquería, cortando el pelo a precio módico a cualquiera que entre por la puerta; y... ¡entra cada uno! Hoy entró un señor mayor, desdentado, con mala cara... que antes de sentarse a esperar le preguntó, con cara de niño travieso, si le daba tiempo a ir a tomarse 'un quinto' al bar... Ahora entiendo lo de su mala cara. Apenas son las 10 de la mañana y él ya está pensando en cerveza.

Mi padre hacía lo mismo. No, cortar el pelo no, él era carpintero. Digo lo de beber mucha cerveza a cualquier hora. Ayer hubiera cumplido años de haber estado vivo, y hubiera estado vivo de haber bebido menos... o no. Mira este señor mayor: todavía vivito y coleando, deseando ir a beber quintos al bar... En la vida nunca se sabe... se vive o se muere, pero no se sabe con exactitud cómo ni porqué. Es como lo de salir de la crisis económica hace unos años: nadie tenía ni pajolera idea de nada, pero todos parecían unos entendidos en la materia hablando. Lo único cierto es que un día te entra un cáncer 'de algo', y cuando le preguntas al oncólogo por qué... esto... a mí, sólo se encoge de hombros y te dice: 'porque te ha tocao'... y a continuación añade: 'bueno, y la dieta, el ejercicio, ¿eres fumador?, ¿bebes mucho? y bla, bla, bla...'. Total, que le tocó morir, como nos tocará a todos antes o después. Es el consuelo del pobre y del que pierde algo importante en la vida: dentro de 100 años todos calvos. 

Calvo no estoy aún. Mi pelo se resiste a abandonar y aguanta incomprensiblemente ahí arriba año tras año, y ya van 42... Tengo entradas, eso sí, y la frente cada vez más despejada. Lo veo claramente cada vez que voy a la peluquería y paso 20 minutos frente al espejo, observando con detenimiento cada arruga de mi rostro, cada lunar, cada poro de mi piel... mientras lanzo alguna mirada esporádica desde el espejo al que entra, a la peluquera o al que espera su turno sentado detrás. Hoy, detrás, también estaba mi hijo, Álvaro (miniJAF o Monis son sus motes), de 3 años y medio, así que las miradas iban acompañadas de sonrisas de complicidad y lenguas burlonas que trataban de hacerle reír y un poco más amenos esos 20 minutos de espera. En su tranquilidad va mi paz, y ¡la del mobiliario de la peluquería Malena!

miniJAF frente a un espejo haciendo el Monis

miniJAF, mi hijo, haciendo el Monis frente a un espejo

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